Y ya está aquí septiembre, la vuelta al cole, vuelta a las rutinas invernales, y cómo no vuelta al baile… pero un momento, hay algo que parece que no vuelve… La “Normalidad”.

Antes de octubre de 2023, no puedo afirmar que el mundo fuera normal… seguían los altos precios en bienes básicos y los salarios ridículos que ahogan a parte de la población en la precariedad, seguían las muertes en el estrecho, la valla y el desierto, las dictaduras en muchos países propiciadas por el “civilizado” sistema capitalista, seguía sufriendo Yemen, Sudán, Siria, Ucrania, Afganistán, etc., y continuaba el colonialismo atroz, siendo su máximo exponente la ocupación ilegal del sionismo israelí sobre Palestina desde 1948… si 1948, lo repito dado que una parte de la población ha demostrado ser bastante ignorante, en cuanto a historia universal se refiere, al creer que esto comenzó el 7 de octubre de 2023.

Desde 1948 el sionismo israelí no ha dejado de violar los derechos humanos del pueblo palestino y sus libertades básicas, imponiendo el apartheid y practicando un brutal terrorismo, sí, terrorismo, a las cosas por su nombre… pues no hay nada más político que el lenguaje y la narrativa, ya que son capaces de construir todo nuestro imaginario sin que nos percatemos apenas.

Israel, como el gran usurpador que es, también se ha apropiado del término terrorismo, ya que como dice el analista jordano Tareq Baconi, «el término terrorismo permite a Israel alegar defensa propia y lo absuelve de toda responsabilidad frente a lo que ocurrió antes del 7 de octubre». Neuromarketing político a la orden del día.

 Terrorismo: 

«Dícese del uso sistemático del terror, utilizado por una amplia gama de organizaciones, grupos o individuos en la promoción de sus objetivos; Dominación por el terror, etc.»

Entrada a Gaza

Hay más definiciones e incluso debates en torno a la definición del terrorismo dado el uso que se le da a esta palabra para manipular y borrar contextos.
En mi opinión, un acto terrorista es todo aquel en el que se asesine indiscriminadamente a la población civil y, en esto, el Estado Ilegal de Israel ya no tiene rival.

El gobierno de Israel ha demostrado que no respeta el derecho internacional, no le importa la paz, pues ha desafiado incluso a “sus amigos cercanos” como EE. UU. y Alemania cuando lo han instado tímidamente a un alto el fuego o han presionado para que paren el asedio a Gaza y permitan la entrada de ayuda humanitaria.
El gobierno israelí ha abortado todos los intentos de negociaciones por la paz.
Israel ha dejado claro que no quiere la paz, Israel está llevando a cabo una limpieza étnica en 2024 de forma descarada, descarnada y cruel, y los gobiernos del Occidente “democrático y civilizado” no solo lo están permitiendo, sino que colaboran y apoyan este Genocidio.

Igual que otras guerras o conflictos en el mundo.
Esta es la facilona respuesta que mucha gente saca a relucir en su desinterés o en su inconsciencia en cuanto a lo que está ocurriendo en el mundo.
No es más grave porque a mí me importe más, ya que esto no se trata de mí, es más grave porque se trata de un genocidio y una limpieza étnica permitida y apoyada, lo que sienta un precedente mundial para mí, para ti y para toda la humanidad.

Permitir que la voluntad y los intereses del más fuerte se extiendan hasta un exterminio total de la población gazatí choca frontalmente con los principios fundamentales democráticos.
Es un mensaje terrorífico y siniestro el que los países mejor preparados militarmente puedan matar sin freno y que nadie los detenga.

Ha costado mucho tiempo crear una organización como la ONU, cuyo fin era precisamente evitar guerras y velar por los derechos humanos y ahora el gobierno israelí pisotea, al tiempo que se abandera más que hipócritamente como país democrático, toda esa trayectoria que nos hacía un mundo diferente, al menos en teoría y sobre el papel, al del nazismo de Hitler.

De un plumazo, el gobierno de Israel lo tira todo por la borda.
O quizá solo ha destapado la verdadera naturaleza del mundo real que habitamos, bastante parecido a la Alemania Nazi, en cuanto a que una parte de la población puede ser totalmente deshumanizada y, por consiguiente, puede ser aplastada cual plaga de insectos.

Cuando tuve la oportunidad de visitar Palestina con la asociación Al Quds, en septiembre de 2022, hubo algo que me llamó la atención, y es que tanto en Cisjordania como en Gaza nos repitieron en muchas ocasiones personas diversas la siguiente frase:

<< Por favor, contadlo. Contadlo a vuestra familia, a vuestros amigos, a periodistas, ponedlo en vuestras redes… Por favor contadlo, sean nuestra voz>>

Creo pensaban que si el mundo estuviera informado, no se les abandonaría a su suerte y no se permitirían las calamidades que el gobierno israelí les hace pasar a diario, asesinados a tandas con impunidad total, y con sus derechos humanos básicos pisoteados a diario.

Ya desde antes, y ahora más, podemos obtener información e incluso podemos ver por televisión lo que está ocurriendo… Así que creo que es hora de que El Occidente “civilizado” asuma sus responsabilidades y deje de alimentar esta locura que no va a traer nada bueno para nadie.

Como dijo el artista portorriqueño Residente
«¿Cuándo nos deshumanizamos hasta el punto de ver a la población civil, la mitad, además, niños y niñas reventados por el terrorismo israelí y no decimos nada?
¿Cómo es que no paró el mundo un solo momento, al igual que en la pandemia para ocuparnos de algo tan grave como es un nuevo genocidio?»
Él paró la grabación de su nuevo disco y su gira ante semejante escenario de crueldad y violencia.
Él estuvo a la altura de la gravedad de lo que estaba sucediendo y esto, como también él mismo aclara, no es un reproche, es una llamada a la reflexión.

No son pocas las personas que me han expresado su incapacidad para seguir viendo imágenes de niños temblando, llorando o, aún peor, niños despedazados, personas entre los escombros, cadáveres hacinados y padres, madres, hermanos, amigos sufriendo desgarrados.

Me parece legítimo que apartemos la vista de tanto dolor, pero me parece terrorífico que miremos para otro lado ante semejante escenario.

niñas Gaza

Y esto tampoco es un reproche, es una reflexión, ya que la vida me empuja incluso a mí misma que tengo conexiones con Palestina y con Gaza en especial, a olvidar, a no mirar, y al fuerte deseo de ignorar toda esta mierda para poder seguir adelante, continuar con mi trabajo, cuidar de mi familia y amigos y, en definitiva, seguir con mi vida. Pero es que el mundo ha cambiado.

Llegó octubre de 2023, seguido de noviembre, diciembre… y sin saber cómo ya estamos en septiembre de 2024 celebrando la vuelta al cole habiendo normalizado casi 50.000 asesinatos de población civil (y a saber la cifra de muertes por hambre o enfermedades curables que no se habrán podido tratar) en lo que se ha convertido en un genocidio televisado sin precedentes en la historia reciente.
Hemos normalizado el asesinato y asedio diario a la población gazatí y hemos aceptado que Israel sea impune a toda ley y que se crea con el derecho a pisotear la Carta de los Derechos Humanos de la ONU y el Derecho Internacional.
Parece que nadie puede o quiere parar a este gobierno psicópata en su objetivo de asesinar y expulsar a todos los palestinos y de esta forma anexionarse así la tierra deseada, en ningún caso prometida.

Llevo más de 20 años dedicada en cuerpo y alma a la danza oriental.
A pesar de ser licenciada en Historia, elegí la danza como proyecto de vida.
He estudiado danzas de diferentes países árabes, es un trabajo que siempre he amado, no solo por lo que me ha hecho disfrutar a mí, sino también por cómo a través de ella he podido ayudar a tantas mujeres.
Me gusta bailar, me gusta enseñar, me gusta crear espectáculos, me gusta hacer coreografías, improvisar, fluir…, pero Houston, tenemos un problema.

Nunca usé esta danza sin más porque me guste su música y sus movimientos, y haya podido, además, encontrar una salida laboral con ella.
Siempre traté de profundizar en este arte, conocer y dar a conocer su contexto histórico y cultural, ya que de alguna manera las bailarinas profesionales representamos, en muchas ocasiones, una parte de la cultura de la danza que llevamos por bandera.

Pero ¿cómo ignorar ahora el giro que ha dado el mundo?

¿Cómo sujetar ahora la bandera de la felicidad, disfrute y alegría que conlleva la Danza?

Después de casi un año llevando conmigo la bandera palestina a distintos eventos, la kufiya y cualquier símbolo que pueda aportar al menos en visibilidad, un apoyo al pueblo palestino que desde el río hasta el mar está sufriendo una barbarie, ¿con qué cara puedo vestirme de alegría y seguir bailando como si nada?

 

ESalim Kufiya Egipto

Sé que es legítimo y, por supuesto, veo correcto cómo otras compañeras bailarinas que de sobra sé, no solo sensibles, sino también militantes con la causa palestina, hayan continuado con su publicidad y estén ya preparando y promocionando el nuevo curso 2024/2025.
La presencia en redes, con su postureo incluido, y el marketing, es parte de nuestro negocio, es nuestro trabajo y debemos hacerlo.

La danza oriental nos lleva a lugares mágicos, cuida nuestro cuerpo y nuestra mente, nos hace fluir y disfrutar, nos conecta con nosotras mismas, nos hace olvidar problemas, nos transporta…

No solo se trata de bonitos movimientos y de buena técnica, la danza oriental no se puede disociar de todo lo anterior, y de sobra sé que es todo este conjunto lo que engancha a tantas mujeres de por vida… Las profes somos las intermediarias entre la danza y las alumnas, lo cual es todo honor, pero también una gran responsabilidad.

Tal día como hoy, con la apertura del nuevo curso la semana próxima, me siento amenazada por la humana necesidad de olvidar la tristeza, la rabia y la impotencia que me genera todo lo que está sucediendo en Palestina, pongo resistencia al olvido o a la aún peor aceptación y normalización de un genocidio, me niego a rendirme, a abrazar el argumento de nada podemos hacer, nada vamos a cambiar.

 Trato de agarrarme a Nietzsche y su frase que me repito cual mantra:
«El arte existe para que la realidad no nos destruya»; «El arte existe para que la realidad no nos destruya»; «El arte existe para que la realidad no nos destruya.»
Pero nada me hace sentir mejor, nada me hace conciliarme con mi amado trabajo en este contexto tan terrible.

Solo me queda aprender de mis amigos de Gaza, quienes no pierden el coraje ni las ganas de abrirse camino incluso en el infierno que se les está haciendo vivir. Ellos afirman que caer en el profundo desánimo es otra forma de perder.

niños gaza bailando